El punto de origen de la construcción de la basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza comienza el 2 de Enero del año 40, cuando según una antiquísima tradición, la Virgen María se le apareció al apostol Santiago en Zaragoza para animarlo en su predicación de las escrituras.
Como testimonio le dejo un Pilar sobre el que se asentaría el cristianismo en estas tierras.
Según la tradición, Santiago lleva a cabo la construcción de una pequeña capilla suficiente para cobijar la Santa Columna.
Cabe pensar que esta pequeña capilla iría, con el paso de tiempo, modificándose para alcanzar mayores proporciones, pero de esto no hay constancia histórica alguna.
Si se sabe que con la dominación musulmana el templo quedo abandonado, siendo reparado una vez la ciudad fue reconquistada.
Entre los años 1434 y 1435 se declara un voraz incendio que destruye la mayor parte del templo, ante lo cual, Doña Blanca de Navarra, consorte del rey Don Juan II de Aragón y devota de la Virgen del Pilar contribuye de un modo decisivo a la construcción de un nuevo templo, éste de estilo gótico, que debió estar terminado a principios del s. XVI.
Aunque todo hacía pensar que éste fuera el templo definitivo para albergar la Santa Columna, a comienzos del s. XVII, y gracias a los privilegios que le otorgaban al Pilar reyes, papas y arzobispos, junto con el famoso milagro de Calanda, empieza a surgir la idea de levantar un santuario grandioso para la Virgen del Pilar.
De esta manera el día 25 de Julio de 1681 se pone la primera piedra de este nuevo templo.
Tras varios periodos de interrupción y dilatación de las obras debidos a diversos motivos, el 10 de Octubre de 1872 se consagra el nuevo templo, aunque su completa finalización, tal cual la vemos en nuestros días, no se acabaría hasta la segunda mitad del s. XX.
A lo largo de su construcción, son muchos los arquitectos, pintores, escultores o tallistas que han dejado impresa su huella en El Pilar, unos más conocidos como el arquitecto real Ventura Rodriguez o el magnífico Don Francisco De Goya y otros quizá menos, pero fue el tesón y trabajo de todos ellos junto con el ánimo y la Fe puesta de todo un pueblo el que permitió
este gran tributo a Nuestra
Señora, la Virgen del Pilar.